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¿Esto va en la nevera? Guía práctica para conservar mejor los alimentos ¿Esto va en la nevera? Guía práctica para conservar mejor los alimentos

Es Tendencia - Gastronomía

¿Esto va en la nevera? Guía práctica para conservar mejor los alimentos


Huevos, tomates, plátanos, mantequilla o café plantean más dudas de las que parece. Saber dónde guardarlos ayuda a conservar mejor su sabor, textura y vida útil


Después de unas semanas con horarios más flexibles, comidas fuera de casa y compras pequeñas, en septiembre vuelven los menús semanales, las bolsas del supermercado algo más llenas y una de las preguntas más frecuentes cuando toca guardar la compra: ¿esto va en la nevera? Con la leche, la carne o el pescado hay pocas dudas. Con los huevos, los tomates, las patatas, la mantequilla o los plátanos, bastante más.


Huevos, tomates o plátanos: cuándo ayuda el frío


Los huevos, en particular, son uno de los casos que más confunden porque en España se compran habitualmente a temperatura ambiente. Una vez en casa, AESAN recomienda conservarlos en el frigorífico, en la zona central, donde la temperatura se mantiene estable. Los cambios bruscos favorecen la aparición de condensación sobre la cáscara, por lo que conviene evitar sacarlos y volverlos a guardar repetidamente. Tampoco hace falta lavarlos antes de refrigerarlos: si hay que hacerlo, mejor justo antes de utilizarlos.


La mantequilla agradece el frío sobre todo una vez abierta, cuando el contacto con el aire acelera la oxidación y la pérdida de aroma. Bien envuelta y refrigerada puede conservarse durante bastante tiempo. Si se quiere blanda para untar, resulta más práctico sacar únicamente la cantidad que se vaya a consumir. En una cocina fresca, una pequeña porción puede permanecer fuera durante un periodo corto, aunque en septiembre, con temperaturas todavía altas en buena parte de España, el frigorífico ofrece una conservación más regular.


Con los tomates conviene mirar primero su grado de madurez. Si todavía están verdes o firmes, pueden completar el proceso fuera de la nevera, alrededor de los 20 ºC y lejos de la luz directa. Una vez maduros, el frío puede alargar algunos días su vida útil, aunque modifica textura y aroma; dejarlos recuperar temperatura antes de comerlos ayuda a percibir mejor su sabor. 


Las patatas prefieren un lugar oscuro, seco y ventilado, a más de 8 ºC. AESAN desaconseja guardarlas en la nevera porque las bajas temperaturas favorecen la acumulación de azúcares reductores, implicados en la formación de acrilamida cuando después se fríen o se cocinan a temperaturas elevadas. Cebollas y ajos enteros también se conservan mejor en un lugar seco y ventilado.


conservación alimentos

Los plátanos inmaduros necesitan temperatura ambiente, ya que el frío frena su maduración y oscurece rápidamente la piel; cuando ya están en su punto, puede utilizarse el frigorífico para ganar unos días, aunque su aspecto exterior empeore. Con peras, aguacates o kiwis la lógica es parecida: primero terminan de madurar fuera y, una vez alcanzado el punto deseado, el frío permite retrasar el deterioro. Uvas y frutos rojos, más delicados, se benefician desde el principio de la refrigeración.


El romero, el tomillo, el cebollino, el perejil o el cilantro pueden guardarse en la nevera, protegidos para que no se deshidraten. Un papel ligeramente húmedo y un recipiente o una bolsa permiten prolongar su frescura. La albahaca es más sensible al frío y suele conservarse mejor a temperatura ambiente, con los tallos en un vaso con agua, como un pequeño ramo, evitando el sol directo.


Entre los alimentos que a veces plantean dudas sobre si conviene guardarlos en la nevera, todos estos encuentran mejor acomodo en una despensa fresca y seca, protegida de la luz. Se trata del aceite de oliva, el café, que conserva mejor sus aromas en un recipiente hermético y opaco, o la miel. En cambio, las mermeladas y muchas salsas necesitan refrigeración una vez abiertas. En estos productos conviene seguir las indicaciones de la etiqueta, porque la cantidad de azúcar, sal, vinagre o conservantes cambia de una receta a otra.


nevera


En qué parte de la nevera guardar cada alimento


También cuenta la organización dentro del frigorífico. Las sobras y los platos recién cocinados van en los estantes superiores y conviene refrigerarlos lo antes posible y, en cualquier caso, antes de que transcurran dos horas desde su preparación. Una olla grande todavía muy caliente tarda más en perder temperatura y puede calentar temporalmente el interior del frigorífico, por lo que resulta preferible repartir su contenido en recipientes más pequeños y poco profundos. Una vez pasado el calor más intenso, pueden guardarse cerrados sin necesidad de esperar a que estén completamente fríos.


La zona central de la nevera es adecuada para lácteos, huevos y embutidos, y las baldas inferiores son el lugar indicado para carne y pescado crudos, colocados en envases que eviten goteos. Frutas y hortalizas tienen sus cajones y la puerta, sometida a mayores oscilaciones de temperatura cada vez que se abre, queda para bebidas, mantequilla y salsas que toleran mejor esos cambios.


Bajar la temperatura tampoco sirve de mucho si el frigorífico está demasiado lleno. El aire frío necesita circular entre los alimentos y conviene colocar delante los productos que caducan antes, de modo que no desaparezcan detrás de una fila de yogures o de un táper olvidado. Y cuando se trata de un producto envasado para el que dudamos entre nevera y despensa, antes de decidir dónde guardarlo, muchas veces basta con leer la etiqueta.


¿Y la cerveza?


La cerveza va en la nevera, de eso no hay duda. Puede conservarse durante un tiempo fuera, siempre que esté en un lugar fresco, seco y alejado de la luz, pero si queremos tenerla lista para beber conviene enfriarla con antelación. Eso sí, servirla muy fría como se suele hacer en España no siempre es la mejor opción. De hecho, a determinadas temperaturas se perciben mejor sus aromas y su cuerpo.


En las tres referencias principales de Cervezas Alhambra hay pequeñas diferencias. Para Alhambra Especial se recomienda una temperatura de consumo de entre 3 y 6 ºC; para Alhambra Reserva Roja, entre 4 y 8 ºC; y para Alhambra Reserva 1925, entre 6 y 9 ºC. En la práctica, basta con tener en cuenta que no todas las cervezas piden el mismo frío y que alguna puede agradecer unos minutos fuera de la nevera antes de servirla.


Imágenes I Unsplash

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